lunes, 30 de agosto de 2010

Olimpia de Manet








La Olimpia o el escándalo de Olimpia




Manet decide enviar al Salón de 1865 el Desnudo de Victorine (revancha sobre el Almuerzo campestre), y un Cristo escarnecido por tres soldados, que representa una segunda manera en la lucha por hacerse reconocer como pintor de los grandes temas por excelencia, que son los temas religiosos. Es una muestra de obstinación pero también de seguridad y de confianza en su talento y en su arte. En esta ocasión, Manet cree realmente que van a reconocerle por lo que es. En su correspondencia con Baudelaire podemos medir todo lo que ha invertido en este Salón de 1865.
Bazire, veinte años más tarde escribe a propósito de Olimpia: “Fue el año de su matrimonio cuando Manet concibió y ejecutó esta obra. No obstante, no la expuso hasta 1865. Tal vez, a pesar del aliento de su intimidad, se sentía turbado, pues haberse inspirado en lo que veía y no en lo que enseñaban los profesores, era algo grave que él mismo rechazaba. Fue necesario que sobre él pesara una influencia y esta influencia, que no resistió, fue la de Baudelaire”.


Pero en realidad esto es historia hecha, tal y como se la imaginaba en 1884, en el momento de la muerte de Manet. Nada de lo que nos ha llegado de las cartas y de las reacciones del artista confirma esta duda previa a las críticas y al escándalo. La única concesión es la de haber aceptado el título de Olimpia y de haber puesto en el folleto del Salón el principio del poema de Zacharie Astruc, quien a propósito de los cuadros escribe:

“Nosotros que vemos esta prueba a través del escándalo de Olimpia y los comentarios de Baudelaire, lo interpretamos de otro modo. Él no ha pensado en provocar a nadie. Ha pensado sólo en la pintura y, lo que es más, en los términos de la pintura de la época. Por eso no comprende lo que le sucede. Según cree, su envío al Salón debe representar el mejor esfuerzo para exponer un desnudo como hay que hacerlos, y lo mismo ocurre con un tema religioso.”.
Manet llega a provocar unas risas casi escandalosas que agrupan a los visitantes ante esta criatura chusca que él llama Olimpia: “ lo cierto es que el encuentro entre el amaneramiento distinguido del poema de Astruc y el escorzo de la mano extendida de Victorine (como en Tiziano) sobre su sexo, es cómica”.

Manet ha pensado en Venus, Olimpia debe traducirse, ciertamente, por Venus moderna. Courbert, a propósito de esta obra, lamentaba lo plano de las imágenes, casi “cartas de barajas” como una alusión, en cambio, a las “cartas” japonesas que, en aquel tiempo, Edouard debía conocer.

En 1867 Zola hizo una elocuente defensa de Olimpia a la que posteriormente calificará de formalista y que refleja lo que posteriormente pensaban sus jóvenes amigos pintores modernistas.

” Para usted un lienzo es un simple pretexto de análisis. Le hacía falta una mujer desnuda, y eligió a Olimpia, la primera que llegó; le hacían falta manchas claras y luminosas e introdujo un ramo; le hacía falta manchas negras y colocó en una esquina a una criada negra y a un gato. ¿Qué quiere decir todo eso? Usted no lo sabe todavía, yo tampoco, pero de lo que no me cabe duda es de que ha conseguido de manera admirable realizar la obra de un pintor, de un brillante pintor….

En el grabado que aparece en la pared Olimpia mira a Zola, es quizás el regalo que Manet hace al escritor que había defendido su obra.




En el retrato que Manet pinta a Zola, que es a juicio de este último una de las mejores obras del pintor, se revela como un gran naturalista con extraordinarias dotes de observación. Zola cuenta lo que pensaba en las dilatadas sesiones de pintura: “una mirada al hombre del caballete le hizo darse cuenta de que el pintor había olvidado a su modelo”.

Zola silencia el hecho de que los atributos que rodean a su figura pretenden disipar cualquier duda sobre la identidad de la persona retratada. Enmarcados en la pared pueden verse tres obras de arte: un grabado japonés, otro de Velázquez de Goya y la reproducción de Olimpia, que ocupa el primer plano del cuadro en el cuadro.


Bataille considera que Olimpia es la obra maestra de Manet y es asimismo el cuadro que llevó al colmo las risas coléricas del público.
“ La muchedumbre se aprieta como en la morgue ante la manida “Olimpia” del señor Manet, un arte que ha caído tan bajo no merece que se lo repruebe” .

La actitud del poeta Théophile Gautier, al que Baudelaire estimaba entre todos, es digna de atención. Había aplaudido sonoramente las primeras tentativas de Manet, pero:

“ Para muchos, bastaría con pasar de largo y reír; eso es un error. El señor Manet no es un don nadie; tiene una escuela, admiradores, incluso fanáticos; su influencia llega más allá de lo que se piensa. El señor Manet tiene el honor de constituir un peligro. Ahora el peligro ha pasado. Olimpia no se explica desde ningún punto de vista, ni siquiera tomándola por lo que es, una miserable modelo tendida sobre una sábana. El tono de las carnes es sucio el modelado nulo. Las sombras se indican mediante brochazos de betún más o menos largos. ¿ Y qué decir de la negra que lleva un ramo en un papel, y del gato negro que deja la marca de sus patas embarradas sobre el lecho? Estaríamos dispuestos a disculpar la fealdad, pero verdadera, estudiada, realzada por algún efecto espléndido de color. Aquí no hay nada, y siento decirlo, más que la voluntad de atraer a cualquier precio la mirada”.

A pesar de la audacia conceptual de este cuadro, su temática se inscribe en una larga tradición de la pintura académica, aquella de la odalisca y la esclava, tal como se observa en las Odaliscas de Ingres e incluso en la Odalisca de Bénouille y la de Jalabert, realizadas en 1840. Aunque Manet ha sabido quitar el subterfugio para representar a la mujer desnuda y es de este modo que se encuentra una suerte de directa filiación con sus precedentes entre las que se encuentran: la Venus durmiendo de Giorgione y la maja desnuda retratada por Goya.

Venus durmiendo, 1510, Giorgione















Maja desnuda, 1797-1800
Francisco de Goya


La base de Olimpia es la Venus de Urbino de Tiziano, que Manet copió en los Uffizi de Florencia en 1856.




Manet partió de un tema mitológico y lo traspuso al mundo real. La copia es más próxima a nosotros que el cuadro de los Uffizi: falta en ella la suavidad irreal de la figura divina que representó Tiziano. Manet la remite al mundo de los seres prosaicos sometidos a la pobreza de su condición.


Comparada con la languidez de la Venus de Tiziano Olimpia se ha incorporado, levantó el codo y fijo la mirada directa de un ser real. El decorado esencial permanece intacto: el tabique de la izquierda divide el fondo de la escena en dos partes, el cortinaje en el ángulo izquierdo. La criada se vuelve hacia nosotros, se ha acercado al lecho de su ama y, destacando sobre el rosa lechoso de su ropa es, si se puede decir así, una mujer del más bello negror; en el extremo del lecho, el perro acostado en redondo también se ha levantado; en ese movimiento, se ha transformado en gato negro.

Esos cambios indican el paso de un mundo a otro. Manet había dicho a Proust “Tenemos que ser de nuestro tiempo y hacer lo que vemos”. Estaba enteramente de acuerdo con el célebre pensamiento de Baudelaire que está en el origen de su pintura..” nosotros somos grandiosos y poéticos en nuestras corbatas y nuestras botas de charol”. Olimpia surgía desnuda pero como una ramera no como una diosa y ese era el mundo que el arte rechazaba. Era la negación del Olimpo, del poema del monumento mitológico, del monumento y de las convenciones monumentales.

“En la intimidad en el silencio de la alcoba, Olimpia llegó a la rigidez, al tono mate de la violencia; esa figura clara, conjuntando con la sábana blanca su brillo chillón, no está atenuada por nada. La esclava negra que sale de la sombra, queda atenuada por el brillo rosa y ligero del vestido, el gato negro es la profundidad de la sombra….Los tonos llamativos de la gran flor que lleva en la oreja, del ramo, del chal y del vestido rosa, resaltando por sí solos respecto a las figuras, acentúan la cualidad de “Naturaleza muerta”. Los golpes de efecto y las disonancias del color son tan potentes que el resto enmudece: nada que no se hunda en el silencio de la poesía. Olimpia, cabalmente, se distingue apenas de un crimen o del espectáculo de la muerte…Todo en ella se desliza hacia la indiferencia de la belleza”.


Baudelaire, considerado uno de los padres de la estética y de la sensibilidad del siglo XX define la modernidad en El pintor de la vida moderna en 1863: “Modernidad es lo transitorio, lo efímero. Lo eventual, lo que constituye la mitad de todo arte, la otra mitad es eterna e inmutable…Hay que pintar lo normal, lo cotidiano, lo que sucedía y en aquellos momentos era actualidad.
Eso es lo que hizo Manet.

sábado, 17 de octubre de 2009

Paseo por el Museo de Bellas Artes de Valencia













Autorretrato de Velázquez, una de las joyas del Museo










Cúpula del hall de entrada al Museo







El edificio del Museo de Bellas Artes de Valencia fue originariamente sede del Colegio Seminario de San Pío V. Su realización fue encomendada al arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel. Su construcción fue iniciada en 1683 pero se prolongó hasta 1744 debido a la Guerra de Sucesión y a la muerte del arquitecto en 1728. Las obras las continuaron José Mínguez y Juan Pérez, sobrino e hijo de Juan Bautista Pérez Castiel, quienes introdujeron algunos cambios.











La iglesia del edificio está hoy convertida en el Hall de entrada. Era una iglesia centralizada de perímetro ochavado con anillo de capillas en las que hoy hay grandes cuadros de autores como Mir y José Benlliure.












A la izquierda del hall de entrada se encuentra la cafetería, y enfrente de ésta, una sala de paso en la que hay numerosas obras de Mariano Benlliure.





Sala de Mariano Benlliure


Esta sala queda separada del recorrido del museo, está apartada, y solo se ve si el visitante va a los servicios pues está de paso a ellos. Esto parece increíble pero es cierto.
El discurso museográfico comienza en la planta baja siguiendo un recorrido longitudinal que va desde la sala de la cúpula o entrada hasta las salas de los retablos medievales, galerías muy bien iluminadas y situadas en la parte nueva del edificio. Recientementa el edificio ha sido sometido a una profunda intervención. Estas salas se encuentran en una construcción aneja al edificio antiguo y han aumentado el área del museo dotándole de modernas instalaciones.

Salas destinadas a la colección de arte medieval






La instalación de las obras hace que su visión sea muy agradable. Las separaciones entre ellas introducen al espectador en diferentes ambientes, con ello se consigue la individualización de la obras, lo que hace que el visitante pueda tener una visión a la vez individual y global de las mismas.

Las salas destinadas a los siglos XVII, XVIII y XIX se encuentran en el primer piso. En ellas las obras se encuentran expuestas como en cualquier museo del momento. Se diría que un poco más que en otros, se ve cierto parecido a un gabinete barroco (cuadro sobre cuadro). La luz es cenital y también hay luces en la parte alta de las paredes, esto da una iluminación clara que unida a los tonos suaves de las paredes produce el ambiente necesario para recrearte en las obras de arte. Un zócalo corrido y blanco da una unidad al conjunto de las obras. Es como si se estuviera en el Museo del Prado, pero en pequeño. Recuerda a las salas que van a dar a la Gran Galería del Prado.

























Todas estas salas tienen un recorrido perpendicular a una galería pequeña que es la que lleva al visitante al edificio antiguo. En la unión entre los dos se encuentra una pequeña sala con mucho color y un poco antigua, en la que se encuentran obras de Ignacio Vergara en barro cocido, que nos hace pensar en cómo será lo que viene a continuación.


Galería que da acceso a la parte antigua del edificio, en donde se encuentran las pinturas de finales del XIX y principios del XX.












Los cuadros de la derecha son de José María de Esquivel, profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en la primera mitad del XIX. En esta sala de transición a la parte antigua hay pintores de la primera mitad del XIX español, no son algunos considerados primeras figuras actualmente, incluso no son sus mejores obras pero son los que representan a nuestra pintura española del XIX.
Las salas del XIX y XX se encuentran entre la primera planta y la segunda del edificio antiguo. Parece ser que en este momento se encuentra pendiente de realización una V fase que incluirá mejoras en las salas de exposiciones de esta parte del edificio. Ahora mismo es asombroso que se tengan que admirar una pintura tan buena en salas tan malas. Para acceder a ellas, hay que subir por una pequeña escalera al final de la cual se encuentra una vigilante que puede llegar, si sigue allí, al borde de una depresión por la incomodidad y soledad en la que se encuentra aparte, de lo feo del lugar.
Estas salas son muy parecidas en cuanto a división a algunas del Prado pero más antiguas y viejas. La pintura es muy buena y los pintores son nuestros representantes e iniciadores de nuestra vanguardia. No creo que sean muy vistos, por la incomodidad que resulta el acceso a ellos. Desde luego nadie con alguna incapacidad física. Allí arriba hay cuadros de Sorolla, Pinazo, Regoyos, Anglada Camarasa, Carlos de Haes, Aureliano de Beruete etc. Hay uno de María Sorolla, la hija, a la que retrata muchas veces enferma, el pintor.
La chula de María Sorolla






Cartel de Sorolla para el periódico El Pueblo

José Benlliure, El Cardenal

Sorolla, Francisco Jareño fue el arquitecto que hizo el Museo Arqueológico Nacional, que actualmente se encuentra en remodelación.

Mi conclusión es que hay cosas muy buenas y otras no tan buenas en la exposicion de las obras de arte en el Museo. He echado en falta la fecha en la que se realizaron las pinturas. No entiendo como hoy en día eso se hace así, la fecha es imprescindible si se quiere saber como ha evolucionado el pintor.

En cuanto a la remodelación del edificio es también indispensable que se haga cuanto antes. Una ciudad como Valencia no se merece tener salas como las que aún hay en el Museo. No tenemos que perder de vista que es el "Museo de Bellas Artes de Valencia".

En mi opinión la atención, actualmente, se tiene que trasladar prioritariamente al usuario del museo y a la proyección social y educativa del mismo. Hoy en día uno de los factores que definen más la realidad de los museos es el hecho urbano y la dinámica social que se establece en torno a la ciudad. El museo ha de establecer una relación entre sus colecciones y la historia incitando al público a entender y contemplar su propia historia de forma diferente, integrando en su vida diaria una lectura nueva de su reciente pasado, y facilitando un enraizamiento cultural más fecundo y activo.

Esto no es lo que he visto en el Museo de Valencia. Aunque para mí la visita resultó tranquila, por no tener las aglomeraciones que hay en otros museos, y no encontrarme a nadie en las salas( sólo algunas personas en las plantas bajas), me daba pena la soledad que se respiraba allí.

Las obras son para que la gente disfrute de ellas y no para que estén solas por la mala gestión de quienes tienen la responsabilidad de mostrarlas y enseñarlas. Espero y deseo que se busque pronto una buena solución.

viernes, 2 de octubre de 2009

Confines. Paisajes de las Artes Contemporáneas.






Exposición en el Ivam, 28 mayo/15 noviembre 09





























La exposición ocupa prácticamente todas las salas del Instituto, excepto las dedicadas a la colección permanente, y en ellas, 76 artistas investigan sobre el Arte.





















Comisarios de la exposición:


Historias del Confín: Consuelo Ciscar Casabán y Vicenzo Trione
Confines del Tiempo: Robert Storr y Francesca Pietropaolo
Geografía del Confín: Aaron Betsky
Visiones del Confín: Robert Wilson



Confín: "algo que está más acá y más allá de un frontera".



Este proyecto expositivo abarca cuatro secciones que son como distintos planos secuencias, estrechamente vinculados entre si. Parecen piezas de un mosaico con las que se pretende investigar interconexiones entre los diferentes lenguajes del presente. La muestra hace un recorrido que sirve para describir el estado de la cuestión sobre las poéticas contemporáneas y, a la vez, aspira a tener una visión de como será el futuro del arte.

Los carteles colocados en las entradas de las salas tienen una misión bastante complicada que es la de explicar al público el sentido de lo expuesto.




El arte contemporáneo es difícil de entender. La mayoría del público que va a ver la exposición, no entiende nada. Sería necesario que en cada sala estuviera una persona entendida, para que informara rigurosamente al público de lo que los diferentes artistas quieren expresar. No sería un gasto innecesario, solamente se tendría que recortar un poco el salario de los que más cobran por formar parte del proyecto expositivo. Ahora mismo solamente puedes tener la suerte de que haya alguna persona ( Historiador del Arte) que te explique el significado de lo expuesto. No vale que se diga que hay conferencias y visitas guiadas, pues hay gente que no puede ir en esos días o simplemente que está de paso por Valencia y se acerca a ver la exposición.




El recorrido comienza en la fachada donde hay una especie de rompecabezas de Gian Luigi Colin titulada Words. El hall se ve invadido por una gran obra de Roberto Pietrosanti. Es un mundo en el que las líneas representan todos los confines que se encuentran en él.



A la izquierda, enfrente de la cafetería, se encuentra la primera sala denominada Geografía del Confín, para mí la mejor de la exposición.





La obra se encuentra bien expuesta, pero otra vez, insisto, en que falta explicación.




Mientras duró mi visita a la sala y cuando ya me iba, vi a una señora tocar un banco de un tono rojizo, que yo pensaba que era para que se sentara la gente a descansar, y comprobé como sus manos quedaban reflejadas en él. Al ver que el vigilante no la llamaba la atención, me fijé en la obra, y comprendí que el interés de la misma estaba precisamente en tocarla. La obra de arte cambiaba y eso me gustaba.





En la misma sala y en una proyección, el artista había expuesto un campo con sensores del movimiento en el que el espectador podía interactuar y producir cambios en las imágenes. La misma señora también sabía lo que tenía que hacer, más tarde hice lo mismo. Si no va delante de ti alguien que entienda lo que se expone no te das cuenta de nada. Menos mal que tuve esa suerte.



En la primera planta hay dos salas. La primera, Confines del Tiempo, nos presenta una selección de vídeos muy variada donde podemos ver los trabajos de 11 artistas que nos muestran la realidad del tiempo a través de sus experiencias. Me parece que no les hubiera venido mal otra manera de presentación. Hay dos habitaciones separadas por cortinas, algo muy simple para este tipo de exposición.

















En la segunda sala se exponen pinturas bastante buenas de pintores importantes como Lucio Fontana, Mark Rothko, y Anselm Kiefer entre otros, algunas ya muy vistas, pero es importante que estén en Valencia y que el gran público pueda verlas.





















La segunda planta es la que más incógnitas tiene para mí. Son trece artistas los que exponen y nos presentan una forma especial de ver los confines y sus delimitaciones. Visones del Confín es la última propuesta que nos presentan, y en donde intentan sorprendernos con una obra en la que el tiempo , las texturas, la repetición y los diferentes planos son los puntos dominantes.




En la sala se encienden y apagan las luces y está todo revuelto, incluso hay cosas por el suelo. El espectador se encuentra sumido en un caos de cosas que sabiendo que son, no entiende que hacen juntas.


Nos paseamos mirando hacia todos los lados intentando comprender donde están los confines de los expuesto. No sabes en realidad donde estás y que haces allí: "Pueden estar vigilándotepara ver tu impresión". Te encuentras formando parte de la obra de arte y eso es lo mejor.


Por todo lo dicho, es interesante si se visita o se vive en Valencia, ver la exposición.